Uncategorized Transformación del mueble dominicano

enero 7, 20200
En nuestro país, el mueble no solo ha variado poco durante el paso del tiempo, también es sinónimo de estatus para sus dueños y se perpetúa en los hogares, gozando de una gran longevidad, a pesar de sus apuestas actuales por el cambio.

Más allá de las apariencias, el diseño es una profesión íntimamente ligada a los valores sociales, llegando solamente a ser permeada por la siempre incisiva economía. Aun así, con frecuencia prevalece el valor social; como en el caso de la silla cabecera de una mesa, que en su reminiscente aspiración a ser un trono, aparenta ser de oro sin realmente serlo.

A través de los años, han sido pocos los cambios en el mobiliario que predomina en los espacios de la casa dominicana. El mueble, atado a la moda en otro hemisferio, está anclado al discurso panegírico de su dueño como cualquier otro símbolo de estatus (no solo de clase socio-económica, sino también de grado cultural). De esta forma, el mueble dominicano goza de ser más longevo que sus homólogos extranjeros, y por qué -entre otras razones- puede estar relacionado con aquellos hogares donde todavía prevalece el lujo, y en su defecto, un simulacro de este; y por ello, se tiende a colocar un mueble ostentoso entre diplomas, certificados y otros símbolos del éxito profesional o social de los miembros familiares en el área más pública de la casa.

Localmente, este reinado perenne del mueble también se atribuye a la arraigada estética del que se fabrica en madera y parece estar atado a la talla profusa y al lugar de la casa al que está destinado; en este caso, es notable la fuerte valoración de la tradición. De igual modo, existe un fuerte apego a la madera, específicamente a la caoba, como símbolo de estatus y de garantía de la calidad del mueble (particularmente por su durabilidad).

Por otro lado, la acogida y aceptación en el imaginario colectivo de las nuevas tendencias del diseño de muebles es lenta en comparación con otros ámbitos afectados por la moda. Y por tradición, el consumidor dominicano compra muebles que duren toda la vida y que resistan nuestros hábitos de limpieza -el uso del agua para el aseo doméstico se presta a un profundo análisis cultural, asociado con lo limpio y lo moral-.

Entre otras causas que justifican la perpetuidad de la vida del mueble en el ámbito nacional se encuentran: un mercado que aún no se ha hecho eco de los llamados diseños de usar y tirar, y una costumbre arraigada de que el ciclo de vida del mueble dominicano, cuando se desecha tras largos años de uso, apenas empieza a terminar; en barrios periféricos y densamente poblados, se comercializan los desechos, el mueble se reconstruye y comienza su proceso de reutilización -en este caso, sin dudas, es evidente la mordida de la economía-.

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